
No estoy sorprendida porque tarde o temprano Aznar tenía que sacar sus músculos de paseo; y no me refiero a los fotografiados y descolocados abdominales sino al dedito índice que tan bien estira.
En blogs pasados mostraba mi reticencia por las voces y la falta de educación a la hora de mostrar opiniones, y hoy asisto a un nuevo episodio de desparpajo y falta de educación -que no de tacto- ante las críticas.
Se supone que es fruto de un calentón pasajero, y que todos en alguna ocasión hemos enseñado nuestro dedito, pero lo verdaderamente importante es el hecho de que un ex-presidente del gobierno muestre tan a las claras lo que los reproches de sus opositores le provocan.
Ahora que lo pienso, igual es lo mismo que le provocaban cuando era presidente.